Mi padres me llamaron María Sol. Mi apellido es Santarsiero. Algo de lo santificado vive en mi, sin quererlo, como un legado. Fui a un colegio de monjas en la primaria y uno de curas en el Secundario. Estoy bautizada, comulgada y confirmada.

Con el tiempo me di cuenta, de que ninguna religión podía liberarme de mi crisis existencial, de las preguntas sin respuesta, y con el paso del tiempo elegí mi propio culto, el de ser, todos los días, cada vez más yo.

Pero, lo santo vive en mi, me acompaña, no lo puedo ignorar. Mi apellido, es lo más santo que habito, me lo recuerda cada vez que lo digo, deletreo o escribo.

“Santamaría de las ropas” (2022)